jueves, 3 de diciembre de 2015

Distopía

¿Qué importará el color de cielo, si es azul, gris, negro o naranja, si ya no quedan pájaros que lo crucen de horizonte a horizonte?

¿Qué importa la especie de un árbol largos años marchito, si ya no revolotean los insectos bajo su sombra inexistente, indistinguible del penumbroso suelo?

¿Para quién quedará el páramo muerto, si ya no hay sonrisas infantiles jugando despreocupadas?

El futuro puede parecer hermoso, evocar imágenes de paz y sosiego a nuestros corazones, pero nuestro cerebro, muy en el fondo, sabe que no puede negarse el fatídico destino al que parecemos irremediablemente avocados.

Ignoramos las señales de la naturaleza, porque desde la cima de la pirámide evolutiva que tenemos grabada a fuego, todo lo que queda por debajo nuestro es para nuestro uso y disfrute, sin darnos cuenta de las responsabilidades inherentes que no respetamos.

Y llegará el último ser humano, el último homínido "superior", la última hembra del simio sin pelo, y tendrá que aceptar el fin cuando sus ansias no puedan ser saciadas, cuando sus pesadillas sean lugar de reposo. Pero ya no habrá solución para la Humanidad...

Seguid consumiendo, vamos por el buen camino hacia la extinción, aunque en mi opinión, se está haciendo larga la espera...
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