martes, 1 de marzo de 2016

Derroteros cotidianos

Cada día los mismos caminos en modo automático, sin que nuestro cerebro perciba la rutinaria derrota de nuestra vida. Cada día seguimos en busca de la esperanza, rebuscando por los rincones invisibles al resto.

Un camino que no habíamos visto se abre de repente en un lateral de nuestra ruta, un sendero apenas perceptible que no muestra su destino, su transcurrir al margen de lo conocido lo hace misterioso y tentador, ¿por qué no arriesgar un desvío de lo cotidiano? Un simple paso basta para abandonar la confortable seguridad de lo sabido, para cambiar nuestro rumbo fijo por una deriva a la aventura.

Descubrir por sorpresa que lo que aparentaba ser una suerte de espinos enmarañados desemboca en un prado florido, o atraviesa un bosque repleto de luces cálidas y sombras amables. Un paisaje abierto ante nosotros, de repente, nos recuerda lo pequeños que somos al tiempo que nos llena de fuerza y valor para explorarlo.

Quedan tantos caminos y derroteros que recorrer, tantas sendas y rutas por conocer, tantos paisajes con los que extasiar nuestras miradas, que el delito sería seguir siempre por el mismo camino, día tras día, hasta alcanzar la muerte.

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