martes, 5 de julio de 2016

Rabia impotente

¿Qué se puede esperar sentir cuando te das cuenta que, en tu propia casa, no estás a salvo de los amigos de lo ajeno? Primero frustración por confiar demasiado en los desconocidos, luego rabia por ser tan ingenuo, y después la impotencia de arreglar algo pasado.

Poniendo en rápidos antecedentes, en la habitación que tengo alquilada convivo con otros siete inquilinos, y la semana pasada, mientras me duchaba la mañana del jueves, algún malnacidocabrónhijodeputero se coló en mi habitación y me robo algunas cosas. Lo que más me ha dolido es que se llevase mis dos discos duros externos, el de las películas me la sopla un poco, pero el de los documentos, las fotos, los recuerdos... Ése si me ha jodido de verdad...

Pero como enseña el budismo y me recordó Neni, son cosas, y son sustituibles. Que las disfrute con salud antes de que algún virus realmente dañino se cargue su ordenador o listófono, antes de que el Kharma le devuelva la jugada, o antes de que le pille alguien robando y le suelte la hostia que no pude darle yo.

Y nada, es la gota que faltaba para querer irme de ésa casa: internet en modo random, ruidos a deshoras, demasiada gente. Ayer empecé a buscar un nuevo sitio para vivir, ya os iré contando.
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