jueves, 23 de marzo de 2017

Taciturna melancolía

Se comienza a notar el aumento de horas de Sol, la llegada de la primavera y las ganas de desembarazarse de las legañas invernales para salir y sentir el viento. Estar en la calle ya no es sinónimo de helarse de frío, y comienza a ser imperativo hacer el cambio de ropa, sacar del armario las prendas veraniegas y empezar a empaquetar los abrigos.

Para mi siempre ha sido una época regulera, la astenia primaveral se hace fuerte en mi interior desde mi infancia, y ahí sigue acompañándome en los cambios estacionales. Voy camino de mi segundo año fuera de Madrid (salvo por las visitas de fin de semana y algún período de teletrabajo), y en ésta ocasión el bajón está siendo de los duros. La posibilidad de traslado a las oficinas de Las Rozas se ha paralizado, y ha marcado un poco más el vinagre en mi carácter.

No me gusta sentirme así, llevo un par de días en que me cuesta sonreír, y ni siquiera mi próximo viaje a Chile me anima... Ésta tarde cuando salga del trabajo me voy a Vallekas, a dormir en mi cama, con un abrazo lleno de calida ternura esperándome...
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