Encajado en una realidad que no termina de convencerme, cojeo de lado a lado buscando algo que me sostenga y me permita navegar entre la desidia, una caja sirviendo de bote salvavidas para un producto de la degradación.
La enajenación empaquetada de nuestro día a día, va ganando sitio en el cajón de las medicinas, que hace tiempo desencajaron el golpe mortal a las hierbas curativas tradicionales. Ahora prima que nuestros ahorros de las cajas y bancos no sean realmente nuestros, es preferible que la caja la hagan las empresas a que podamos simplemente vivir tranquilos.
Y caja sorpresa tras caja sorpresa, nos salta una y otra vez a la cara un estrambótico muñeco, marionetas en representación de intereses titiriteros que no quieren ser representados, para recordarnos subliminalmente que, tarde o temprano, acabaremos todos en una caja.
viernes, 19 de febrero de 2016
miércoles, 17 de febrero de 2016
Mañanas frías
Amanece el frío invierno a finales de Febrero, con la resaca tardía, cogiendo por sorpresa las primeras flores del año. La noche ventosa se ha llevado lejos las nubes, ha traído la calma fresca de la orilla del mar al aroma del café caliente.
Aún duermes entre las calientes sábanas que nos han arrullado, con el pelo tapando un poco tu cara, y sonrío a tus suspiros, a los sonidos que se escapan de tus sueños a través de tus labios. Los abrazos que nos arroparon durante las horas nocturnas se quedan en la almohada, vigilando oníricas amenazas y esperando ver abrirse tus ojos.
Me tengo que ir a trabajar, dejar la comodidad del pijama y la belleza de mirarte, y salir a la mañana fría que me separa de tu piel. Arrastro las escasas ganas que tengo y las obligo a vestirse para enfrentar la jornada, con esfuerzo consigo meterlas en el abrigo y salgo de casa, deseando con mucha fuerza que el tiempo pase de prisa y lleguemos pronto al momento de juntarnos de nuevo.
Aún duermes entre las calientes sábanas que nos han arrullado, con el pelo tapando un poco tu cara, y sonrío a tus suspiros, a los sonidos que se escapan de tus sueños a través de tus labios. Los abrazos que nos arroparon durante las horas nocturnas se quedan en la almohada, vigilando oníricas amenazas y esperando ver abrirse tus ojos.
Me tengo que ir a trabajar, dejar la comodidad del pijama y la belleza de mirarte, y salir a la mañana fría que me separa de tu piel. Arrastro las escasas ganas que tengo y las obligo a vestirse para enfrentar la jornada, con esfuerzo consigo meterlas en el abrigo y salgo de casa, deseando con mucha fuerza que el tiempo pase de prisa y lleguemos pronto al momento de juntarnos de nuevo.
lunes, 15 de febrero de 2016
Lagarteando
El sábado pasado, aprovechando un viaje a Vera (Almería), pude disfrutar sentándome un rato en la arena de la playa. Llegamos en plena ventolera, después de comernos un arroz con bogavante, a una de las playas de la zona. Salió el sol entre las nubes, y no dudamos ni un ápice en descalzarnos en cuanto llegamos a la arena, que nos recibió fresca y nos fue guiando lentamente hacia la orilla del mar. Amontonamos lo poco que llevábamos junto a las zapatillas, y nos mojamos los pies en el agua fría de febrero, jugueteando con las olas en su ir y venir, y riéndonos del resto del mundo, que no se estaba mojando los dedos en aquel momento.
Un par de minutos después, estábamos fumando, escuchando los secretos del mar y del viento, observando los amoríos de los cúmulos y los nimbos. Los rayos de sol se mezclaban con los céfiros y trataban de huir, esquivos. Tú te dejaste caer sobre la espalda, sonriendo un descanso en nuestro día libre, y yo dejé que mi mente se fuera lejos y nos mirase satisfecha.
Nuestras miradas decidieron que era hora de moverse, de buscar otros lugares para mirar el paisaje, y descubrimos, desde lo alto de la montaña, la playa del Algarrobico. Nos besamos antes del atardecer, y seguimos nuestra ruta hacia ése café tan cuqui que te recomendaron, donde hicimos un nuevo alto y nos dimos un nuevo beso y volvimos a seguir nuestro camino...
Un par de minutos después, estábamos fumando, escuchando los secretos del mar y del viento, observando los amoríos de los cúmulos y los nimbos. Los rayos de sol se mezclaban con los céfiros y trataban de huir, esquivos. Tú te dejaste caer sobre la espalda, sonriendo un descanso en nuestro día libre, y yo dejé que mi mente se fuera lejos y nos mirase satisfecha.
Nuestras miradas decidieron que era hora de moverse, de buscar otros lugares para mirar el paisaje, y descubrimos, desde lo alto de la montaña, la playa del Algarrobico. Nos besamos antes del atardecer, y seguimos nuestra ruta hacia ése café tan cuqui que te recomendaron, donde hicimos un nuevo alto y nos dimos un nuevo beso y volvimos a seguir nuestro camino...
jueves, 11 de febrero de 2016
Cerdos bípedos
Ha vuelto a pasar. Otro día más, lo he visto al entrar al servicio del trabajo. Algún gorrino bípedo ha dejado flotando el muñeco tras arrastrarlo por la loza.
Parece mentira, trabajando en una oficina seria y formal, con gente que lleva zapatos y camisa, algunos hasta traje y corbata, todos muy elegantes y profesionales, que sea algo habitual. Entrar al baño y dudar si estás en un garito, comprobar que conceptos como "cisterna" o "escobilla" son ajenos para algunos de mis compañeros. No digo ya que no se laven las manos, que tampoco lo hacen, pero como falta de respeto, es de las mejores.
Luego yo me preocupo por no venir con pantalón corto en verano, o mal peinado, porque resulta que lo de dejar los ñordos en la taza, o escupir un gargajo verde en el lavabo, es menos grave.
Parece mentira, trabajando en una oficina seria y formal, con gente que lleva zapatos y camisa, algunos hasta traje y corbata, todos muy elegantes y profesionales, que sea algo habitual. Entrar al baño y dudar si estás en un garito, comprobar que conceptos como "cisterna" o "escobilla" son ajenos para algunos de mis compañeros. No digo ya que no se laven las manos, que tampoco lo hacen, pero como falta de respeto, es de las mejores.
Luego yo me preocupo por no venir con pantalón corto en verano, o mal peinado, porque resulta que lo de dejar los ñordos en la taza, o escupir un gargajo verde en el lavabo, es menos grave.
martes, 9 de febrero de 2016
Títeres y marionetas
A raíz de la detención de 2 titiriteros en el pasado Carnaval de Madrid, acusados por enaltecimiento del terrorismo por representar en su obra un montaje policial en el que, precisamente, se utilizaba éste ardid para detener a los personajes.
Todos los medios de comunicación, marionetas de los verdaderos poderes del país, los económicos, se han volcado en decir por activa y por pasiva que la medida está muy bien, porque hay que defender a los niños y sus inocentes y maleables mentes, pero que a lo mejor debería haber más responsabilidades políticas.
La responsabilidad política deberían tenerla quienes han corrido a rasgarse las vestiduras por una cosa que vieron, según parece, una treintena de personas, pero que no han dicho ni media palabra sobre la libertad provisional para un "supuesto" pederasta, profesor de instituto en Barcelona durante más de veinte años; o sobre las familias con niños pequeños que se quedan en la calle con cada desahucio hipotecario; o sobre las mujeres y niños que siguen sufriendo violencia machista cada día en éste mismo país. Sin embargo, no tardan en mezclar churras con merinas con la demagogia de manual a la que nos tienen acostumbrados, porque si es el mismo partido financiado por Irán o Venezuela, porque negocian con independentistas...
Pues son dictaduras, los sistemas de gobierno que denuncian los patriotas como enemigos de la democracia española, las que suelen encerrar a disidentes e intelectuales por denunciar su realidad, encarcelan a artistas y directores por plasmar críticas en sus obras. Y ya ha sido casualidad que una obra de marionetas, en la que se denuncian los montajes policiales, se haya quedado corta a la hora de representar la calaña política, incluso la de "progreso y cambio", que también han dicho lo que les ha parecido aunque con más tibieza: lo de mandarlos a la cárcel ha estado mal, pero la obra era "inaceptable, inadecuado y deleznable".
A éste paso, hasta ésta bitácora terminará pasando el filtro de seguridad del Estado, por poner en con palabras lo que cruza mi cerebro, por compartirlos con la gente, por "fomentar" mis ideas locas y mis cuerdos pensamientos.
#LibertadTitiriteros
#LibertadDeExpresión
Todos los medios de comunicación, marionetas de los verdaderos poderes del país, los económicos, se han volcado en decir por activa y por pasiva que la medida está muy bien, porque hay que defender a los niños y sus inocentes y maleables mentes, pero que a lo mejor debería haber más responsabilidades políticas.
La responsabilidad política deberían tenerla quienes han corrido a rasgarse las vestiduras por una cosa que vieron, según parece, una treintena de personas, pero que no han dicho ni media palabra sobre la libertad provisional para un "supuesto" pederasta, profesor de instituto en Barcelona durante más de veinte años; o sobre las familias con niños pequeños que se quedan en la calle con cada desahucio hipotecario; o sobre las mujeres y niños que siguen sufriendo violencia machista cada día en éste mismo país. Sin embargo, no tardan en mezclar churras con merinas con la demagogia de manual a la que nos tienen acostumbrados, porque si es el mismo partido financiado por Irán o Venezuela, porque negocian con independentistas...
Pues son dictaduras, los sistemas de gobierno que denuncian los patriotas como enemigos de la democracia española, las que suelen encerrar a disidentes e intelectuales por denunciar su realidad, encarcelan a artistas y directores por plasmar críticas en sus obras. Y ya ha sido casualidad que una obra de marionetas, en la que se denuncian los montajes policiales, se haya quedado corta a la hora de representar la calaña política, incluso la de "progreso y cambio", que también han dicho lo que les ha parecido aunque con más tibieza: lo de mandarlos a la cárcel ha estado mal, pero la obra era "inaceptable, inadecuado y deleznable".
A éste paso, hasta ésta bitácora terminará pasando el filtro de seguridad del Estado, por poner en con palabras lo que cruza mi cerebro, por compartirlos con la gente, por "fomentar" mis ideas locas y mis cuerdos pensamientos.
#LibertadTitiriteros
#LibertadDeExpresión
viernes, 5 de febrero de 2016
Conduciendo
He perdido ya la cuenta de las veces que he ido y vuelto a Madrid en la Gorgona, he recorrido la autovía a distintas horas, casi siempre con poco tráfico en mi sentido. Será la tercera vez que vaya acompañado con pasajeras de una conocida red para compartir vehículo, y la verdad es que estoy muy contento con quienes me han ido acompañando.
Lo de conducir con más gente impide que cantes a pleno pulmón o que te pongas a comentar sólo la forma de hacerlo del resto. Tampoco puedo sacarme un moco si lo necesito de verdad, o peerme fuerte, pero es agradable poder mantener una conversación con alguien, o descubrir un gusto musical, o una similitud en la forma de ver y afrontar ciertas cosas de la vida.
Y por qué no decirlo, me paga el depósito subir con 2 personas más a bordo, y me obliga a estar más pendiente del volante y la carretera. No es que vaya haciendo el loco o despistado habitualmente, no sobrepaso los límites de velocidad, dejo la distancia necesaria, circulo respetando al resto de vehículos y usuarios de la vía, pero la responsabilidad de llevar más vidas dentro de la Gorgona es como un extra de cafeína en el córtex cerebral.
Al final le voy a coger gusto a lo de conducir una furgoneta...
Lo de conducir con más gente impide que cantes a pleno pulmón o que te pongas a comentar sólo la forma de hacerlo del resto. Tampoco puedo sacarme un moco si lo necesito de verdad, o peerme fuerte, pero es agradable poder mantener una conversación con alguien, o descubrir un gusto musical, o una similitud en la forma de ver y afrontar ciertas cosas de la vida.
Y por qué no decirlo, me paga el depósito subir con 2 personas más a bordo, y me obliga a estar más pendiente del volante y la carretera. No es que vaya haciendo el loco o despistado habitualmente, no sobrepaso los límites de velocidad, dejo la distancia necesaria, circulo respetando al resto de vehículos y usuarios de la vía, pero la responsabilidad de llevar más vidas dentro de la Gorgona es como un extra de cafeína en el córtex cerebral.
Al final le voy a coger gusto a lo de conducir una furgoneta...
miércoles, 3 de febrero de 2016
Perdido en la oficina
No sé muy bien qué hago aquí, sentado en la oficina, frente a un ordenador. No me malinterpretéis, sé perfectamente a qué me dedico, pero no deja de resultar paradójico que cada vez le encuentre menos sentido. No me quejo de mi trabajo, o al menos no demasiado. Tiene las comodidades de la vida moderna: silla regulable y acolchada, conexión a Internet, aire acondicionado o calefacción... Pero no me llena, no confiere la sensación de plenitud de quién se sabe realizado.
Veo mi jornada laboral como una sucesión de días vacíos, con más o menos carga laboral, pero sin llegar a ningún sitio que no sea la repetición rutinaria: levantarse, ir a trabajar, volver, hacer lo que sea, dormir. Prácticamente no hay novedades interesantes que pueda narrar, sólo queda la falsa impresión de que lo hecho ha salvado el día de alguien. Utilizamos expresiones grandilocuentes para definir gestos mecánicos, como decir "me paso el día apagando fuegos" cuando lo más cercano a una llama ha sido la pausa del cigarro.
Me identifico a veces con un náufrago a la deriva, en una pequeña balsa improvisada en mitad del océano. No tengo puntos de referencia que me indiquen si voy en la buena dirección, no entiendo como nuestros antepasados leían las estrellas como si fuera un plano del Metro, y se me acaban los víveres al mismo ritmo que aumenta mi desesperada locura. Puede que termine bebiendo agua salada, o dejándome caer fuera de mi refugio para que me alcancen los tiburones. O puede que decida disfrutar del crucero, dejando que la brisa me vaya tostando la piel mientras las corrientes me hacen fluir hacia alguna playa lejana.
En cualquier caso, tengo constancia de que a final de mes me pagan por venir a la oficina, por los conocimientos que tengo, y por resolver los problemas que surgen cotidianamente. Sé de buena tinta que también puedo hacer otras cosas, como actualizar esto, o leer lo que me ofrece la web, mientras sigo cobrando y cotizando. A lo que quería llegar, mi vida no es gran cosa, pero podría ser peor.
Veo mi jornada laboral como una sucesión de días vacíos, con más o menos carga laboral, pero sin llegar a ningún sitio que no sea la repetición rutinaria: levantarse, ir a trabajar, volver, hacer lo que sea, dormir. Prácticamente no hay novedades interesantes que pueda narrar, sólo queda la falsa impresión de que lo hecho ha salvado el día de alguien. Utilizamos expresiones grandilocuentes para definir gestos mecánicos, como decir "me paso el día apagando fuegos" cuando lo más cercano a una llama ha sido la pausa del cigarro.
Me identifico a veces con un náufrago a la deriva, en una pequeña balsa improvisada en mitad del océano. No tengo puntos de referencia que me indiquen si voy en la buena dirección, no entiendo como nuestros antepasados leían las estrellas como si fuera un plano del Metro, y se me acaban los víveres al mismo ritmo que aumenta mi desesperada locura. Puede que termine bebiendo agua salada, o dejándome caer fuera de mi refugio para que me alcancen los tiburones. O puede que decida disfrutar del crucero, dejando que la brisa me vaya tostando la piel mientras las corrientes me hacen fluir hacia alguna playa lejana.
En cualquier caso, tengo constancia de que a final de mes me pagan por venir a la oficina, por los conocimientos que tengo, y por resolver los problemas que surgen cotidianamente. Sé de buena tinta que también puedo hacer otras cosas, como actualizar esto, o leer lo que me ofrece la web, mientras sigo cobrando y cotizando. A lo que quería llegar, mi vida no es gran cosa, pero podría ser peor.
Recordando
Últimamente me acuerdo en bastantes ocasiones de ciertas cosas de mi infancia, libros de cuentos que releía una y otra vez, juguetes que me acompañaban en mis fantasías y juegos de construcciones que llenaban el hueco de la soledad.
No sé si es nostalgia, porque aparte de recordar de forma vaga la silueta de un cuento, o cómo me sentía cuando montaba piezas de Lego hasta formar una nave espacial, no me emociona particularmente. No remueve los sentimientos de añoranza como debiera, pero me sirve para poner ciertos puntos en una imaginaria línea temporal de mi vida.
Recuerdo ayudar a mi madre a buscar las llaves un día, con mi hermana montada en el carrito y casi listos para salir a pasear, seguramente a casa de mi abuela. Recuerdo lo que me gustaba pasar el fin de semana en la antigua casa que tenía mi familia en la plaza del pueblo, no tengo muy claros los detalles de cómo se repartían las habitaciones, pero sí recuerdo con claridad que al no tener baño había que salir a un corral a hacer pis o caca, que había una chimenea enorme en el salón comedor, y que una vez confundí un ascua de la lumbre con una patata asada...
Recuerdos que nos evitan caer en la locura, o que nos dirigen hacia ella de manera imperceptible.
No sé si es nostalgia, porque aparte de recordar de forma vaga la silueta de un cuento, o cómo me sentía cuando montaba piezas de Lego hasta formar una nave espacial, no me emociona particularmente. No remueve los sentimientos de añoranza como debiera, pero me sirve para poner ciertos puntos en una imaginaria línea temporal de mi vida.
Recuerdo ayudar a mi madre a buscar las llaves un día, con mi hermana montada en el carrito y casi listos para salir a pasear, seguramente a casa de mi abuela. Recuerdo lo que me gustaba pasar el fin de semana en la antigua casa que tenía mi familia en la plaza del pueblo, no tengo muy claros los detalles de cómo se repartían las habitaciones, pero sí recuerdo con claridad que al no tener baño había que salir a un corral a hacer pis o caca, que había una chimenea enorme en el salón comedor, y que una vez confundí un ascua de la lumbre con una patata asada...
Recuerdos que nos evitan caer en la locura, o que nos dirigen hacia ella de manera imperceptible.
martes, 2 de febrero de 2016
Tener todo
Se dice que no se puede tener todo en la vida, incluso puede que sea cierto, pero no creo que sea realmente importante disfrutar todas y cada una de las facetas de la vida, poseer cada objeto diferente que se ha fabricado o manufacturado, ni siquiera haber visitado todos esos lugares idílicos del globo terráqueo.
Esto viene a cuento de los días libres y vacaciones que tengo, y de éste tuit de BiciYJazz , gran ciclista urbano y mejor persona. ¿Podría utilizar mis días libres y vacaciones para descansar y a la vez pedalear en diferentes ciclomarchas? Seguramente no simultáneamente, porque al trabajar en Alicante los desplazamientos me impedirían descansar adecuadamente, y aún consiguiendo unos días de teletrabajo para poder estar más cerca de las convocatorias, sería una paliza interesante.
Sería tan bonito poder hacer mi trabajo a distancia, de forma permanente... Podría ir moviéndome por la geografía siguiendo los vuelos de los pájaros o los caminos de las nubes, estableciendo mi residencia donde las estrellas no dejan ver el cielo oscuro de la noche, o conectándome en remoto a un servidor de México desde la fresca sombra de un árbol en alguna terraza de cualquier bar.
En principio tengo trabajo aquí hasta Abril, pero que se va a prolongar otro año es casi seguro. Parece que mis superiores están contentos con cómo desempeño mi trabajo, con la forma de resolver las tareas que me van encargando, así que tal vez sería interesante ir moviendo la posibilidad de teletrabajar. A mi consultora no creo que le importe lo más mínimo, mientras les pase mi parte de horas y no tengan quejas de nadie; mis jefes directos, como decía, parecen conformes con mi desempeño profesional (y aquí estoy escribiendo esto en horario laboral); los usuarios podrían poner alguna pega por no poder explicarme ciertas cosas en persona; y mis amistades alicantinas... me fastidiaría perder el contacto con algunas personas, gente que poco a poco han ido haciéndose un hueco en mi corazón, en mi vida, personas que me dejan estar en sus vidas de una forma que me sorprendió en mi cumpleaños, que me emociona saber día a día que están ahí aunque las vea poco.
Como decía, no se puede tener todo, pero tampoco importa demasiado, hay que ir adaptándose paulatinamente a lo que nos depara la vida, saber aceptar las limitaciones y conocer las fortalezas individuales, ampliar los círculos de amistades y los puntos de vista, y con todo eso intentar ser feliz.
Esto viene a cuento de los días libres y vacaciones que tengo, y de éste tuit de BiciYJazz , gran ciclista urbano y mejor persona. ¿Podría utilizar mis días libres y vacaciones para descansar y a la vez pedalear en diferentes ciclomarchas? Seguramente no simultáneamente, porque al trabajar en Alicante los desplazamientos me impedirían descansar adecuadamente, y aún consiguiendo unos días de teletrabajo para poder estar más cerca de las convocatorias, sería una paliza interesante.
Sería tan bonito poder hacer mi trabajo a distancia, de forma permanente... Podría ir moviéndome por la geografía siguiendo los vuelos de los pájaros o los caminos de las nubes, estableciendo mi residencia donde las estrellas no dejan ver el cielo oscuro de la noche, o conectándome en remoto a un servidor de México desde la fresca sombra de un árbol en alguna terraza de cualquier bar.
En principio tengo trabajo aquí hasta Abril, pero que se va a prolongar otro año es casi seguro. Parece que mis superiores están contentos con cómo desempeño mi trabajo, con la forma de resolver las tareas que me van encargando, así que tal vez sería interesante ir moviendo la posibilidad de teletrabajar. A mi consultora no creo que le importe lo más mínimo, mientras les pase mi parte de horas y no tengan quejas de nadie; mis jefes directos, como decía, parecen conformes con mi desempeño profesional (y aquí estoy escribiendo esto en horario laboral); los usuarios podrían poner alguna pega por no poder explicarme ciertas cosas en persona; y mis amistades alicantinas... me fastidiaría perder el contacto con algunas personas, gente que poco a poco han ido haciéndose un hueco en mi corazón, en mi vida, personas que me dejan estar en sus vidas de una forma que me sorprendió en mi cumpleaños, que me emociona saber día a día que están ahí aunque las vea poco.
Como decía, no se puede tener todo, pero tampoco importa demasiado, hay que ir adaptándose paulatinamente a lo que nos depara la vida, saber aceptar las limitaciones y conocer las fortalezas individuales, ampliar los círculos de amistades y los puntos de vista, y con todo eso intentar ser feliz.
lunes, 1 de febrero de 2016
El cuaderno rojo
Suelo llevar a mano, cuando salgo a dar una vuelta, un cuadernillo rojo, de discreta publicidad, elegantemente sujeto con una goma como las de las carpetas escolares. Lo llevo en la mochila o en el bolso, por si me apetece escribir algo, o inventarme una historia, o sacar algún dibujo de un lápiz o bolígrafo. Para no tener que enfrentarme a la soledad, y para que me acompañe cuando hay demasiada gente alrededor.
Empezó siendo un sitio para apuntar cosas, pero rápidamente se convirtió en un diario, una especie de log donde iba repitiendo los pensamientos y pasos de la psicoterapia. Donde reafirmaba ideas o ponía en claro sentimientos. Me calmaba los nervios, hacía de bálsamo sobre sentimientos negativos y me tranquilizaba la mente cuando conseguía plasmar cómo me sentía o qué pensaba sobre ciertos comportamientos, propios y ajenos.
Además de servirme para aclararme las ideas y pensamientos, o donde soltar parrafadas casi sin filtro directamente desde mi cabeza, creo que también me da seguridad, como si fuera una especie de talismán de protección, y todo porque en cualquier momento me puedo enfrascar en sus hojas, buscar mirando fijamente el blanco del papel las palabras que revolotean en mi cerebro, atrapar unos trazos de imaginación abstracta en redes de celulosa.
Y está a punto de quedarse sin espacio disponible en sus hojas, como si hubiera sido todo el tiempo un árbol de hoja caduca y se aproximara su otoño, lento pero inexorable como el invierno que le sigue y la primavera que lo verá brotar de nuevo en forma de nuevo follaje, como ponerle unas tapas nuevas a un libro querido, y me brindará de nuevo la sombra de su copa para que contemple el cielo de mi interior, en paz.
Empezó siendo un sitio para apuntar cosas, pero rápidamente se convirtió en un diario, una especie de log donde iba repitiendo los pensamientos y pasos de la psicoterapia. Donde reafirmaba ideas o ponía en claro sentimientos. Me calmaba los nervios, hacía de bálsamo sobre sentimientos negativos y me tranquilizaba la mente cuando conseguía plasmar cómo me sentía o qué pensaba sobre ciertos comportamientos, propios y ajenos.
Además de servirme para aclararme las ideas y pensamientos, o donde soltar parrafadas casi sin filtro directamente desde mi cabeza, creo que también me da seguridad, como si fuera una especie de talismán de protección, y todo porque en cualquier momento me puedo enfrascar en sus hojas, buscar mirando fijamente el blanco del papel las palabras que revolotean en mi cerebro, atrapar unos trazos de imaginación abstracta en redes de celulosa.
Y está a punto de quedarse sin espacio disponible en sus hojas, como si hubiera sido todo el tiempo un árbol de hoja caduca y se aproximara su otoño, lento pero inexorable como el invierno que le sigue y la primavera que lo verá brotar de nuevo en forma de nuevo follaje, como ponerle unas tapas nuevas a un libro querido, y me brindará de nuevo la sombra de su copa para que contemple el cielo de mi interior, en paz.
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