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martes, 5 de julio de 2016

Rabia impotente

¿Qué se puede esperar sentir cuando te das cuenta que, en tu propia casa, no estás a salvo de los amigos de lo ajeno? Primero frustración por confiar demasiado en los desconocidos, luego rabia por ser tan ingenuo, y después la impotencia de arreglar algo pasado.

Poniendo en rápidos antecedentes, en la habitación que tengo alquilada convivo con otros siete inquilinos, y la semana pasada, mientras me duchaba la mañana del jueves, algún malnacidocabrónhijodeputero se coló en mi habitación y me robo algunas cosas. Lo que más me ha dolido es que se llevase mis dos discos duros externos, el de las películas me la sopla un poco, pero el de los documentos, las fotos, los recuerdos... Ése si me ha jodido de verdad...

Pero como enseña el budismo y me recordó Neni, son cosas, y son sustituibles. Que las disfrute con salud antes de que algún virus realmente dañino se cargue su ordenador o listófono, antes de que el Kharma le devuelva la jugada, o antes de que le pille alguien robando y le suelte la hostia que no pude darle yo.

Y nada, es la gota que faltaba para querer irme de ésa casa: internet en modo random, ruidos a deshoras, demasiada gente. Ayer empecé a buscar un nuevo sitio para vivir, ya os iré contando.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Presos pesados

Encarcelados, no todos los tamaños se corresponden con lo que se ve realmente. No me refiero a las medidas físicas de la prisión, sino a las medidas relativas de los prisioneros, porque a pesar de que la gran mayoría de ellos lo son por delitos comunes, sean flacos o gordos, los reyes del patio son los menos, los encarcelados por delitos fiscales, los pesos pesados del mangoneo y el robo.

Entran o salen entre una nube de periodistas, con su ropa de marca y cara de indignación, mirando con desprecio mientras recuerdan sus abultadas cuentas y numerosas posesiones. Comentan a cámara lo injusto de su sentencia, o las contramedidas a tomar en el juicio, mientras el resto de presos no tienen voz ni presencia.

La masa encarcelada no es más que el reflejo de la misma sociedad: el 99% son como tú o como yo, mientras que el 1% restante es la representación de la clase política, los empresarios y los banqueros. La mayoría va raspando sus días en la pared de la celda, la minoría se conforma con hacerlo en su smartphone. Casi todos usan la misma ropa semana tras semana, casi nadie puede darse el lujo de caer bien regalando su gastada ropa de marca a otros presos. Unos enlazan condenas y penas, otros teatrillos judiciales y lujos millonarios.

Mientras unos pocos se reparten el pastel, el resto nos conformamos con vigilar el jabón.

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