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miércoles, 15 de septiembre de 2021

La despedida

 Hace demasiado tiempo que no pongo nada por aquí. No es por falta de tiempo, si no por falta de ganas de soltar mis mierdas. Demasiadas hay ya que aguantar, como para leer lloriqueos desmotivados.

Estoy cambiando mi orientación laboral, por eso creo que hay que despedirse del administrador Linux y darle la bienvenida al service manager de chichinabo. Habrá que ver qué depara el futuro, pero me estoy acostumbrando sorprendentemente rápido al nuevo puesto, aunque pase la mayor parte de las jornadas en reuniones de Teams, o intentando coordinar a los "minions" a través de su plataforma de ticketing...

Al Mojarrison ciclista hace tiempo que no le veo, salvo para enredar en los diferentes grupos de Telegram, o mirar con nostalgia a la "Torpeda", con sus nuevos componentes, con su pintura relucientemente restaurada.

Entre eso, y ver pelis o series se me van los días. Cuido del minihuerto que tengo en el patio, leo de vez en cuando, y he vuelto hace poco de mis vacaciones (otra nueva despedida de terras cántabro-galegas). Y así, casi sin darnos cuenta, ha llegado el otoño, vuelve a llover... "hasta el año que viene, calor de mierda".

Espero no tardar tanto en volver a escribir, no quería decir mucho más por ahora, y tampoco es que haya aportado algo a vuestras vidas...

lunes, 20 de mayo de 2019

Aprendizaje pedalero

Aún recuerdo cuando aprendí a montar en bici, o mejor dicho, cuando me enseñaron a pedalear. En mi memoria aún permanece una bicicleta prestada de mi primo, previa a ésta historia, con la que me movía por el pueblo de mi familia casi más como un patinete que como una bici propiamente dicha, por el tamaño y por la forma que tenía de usarla. Mientras, en el trastero esperaba una BH Californa X3 que mi padre decidió que era un buen regalo de reyes, cuando yo aún no sabía caminar.
Rondando los 10 años, me regalaron una Motoretta 3, roja brillante, con un asiento largo y blanco, y ya no tenía excusa para ir con un correpasillos, tenía que aprender a mantener el equilibrio, a girar y a frenar. Ése verano, en la puerta de casa, y ante la atenta mirada de mi madre, uno de mis tíos me daba las últimas instrucciones mientras sujetaba el sillín de la bici, ya conmigo encima agarrado al manillar, e intentando rezar mentalmente a todas las deidades que conocía. Ya hacía calor para ser aún media mañana, y por la calle apenas pasaba nadie. Al tener una leve pendiente, tirar cuesta abajo era cuestión de lógica, y apenas 20 metros más abajo, la calle perpendicular es ancha y llana, perfecta para dar la vuelta y volver a la puerta de casa.
Desde luego, no fue a la primera, y desde luego, ésa tarde me raspé en varias ocasiones rodillas y codos, pero aquella maravillosa sensación de pedalear sólo, dejando al adulto atrás, y conseguir parar más o menos en el sitio elegido para ello, fue algo que se me quedó grabado a fuego en la memoria. Varios intentos costó, desde luego, poder dejar atrás a mi tío y poder mantener el equilibrio, tanto pedaleando como con las piernas quietas. Otro tanto pasaba al empezar a moverme, si no era con el pedal derecho a una altura concreta, no era capaz de mantenerme vertical sobre la bici.
Luego llegarían las excursiones con mi primo y amigos, a la ermita, al río, a los cerros cercanos, o los viajes ya de adolescente (o no tanto), con la bici desmontada en el maletero de un autocar, rumbo a pedaleos en lugares nuevos.
Vendrían mi primera MTB, una Trek 830 comprada de 2ª mano a mi tío en la que invertí buenas tardes montándole piezas nuevas o dándome una buena trufa allá por 1998, hasta que alguien decidió llevársela de mi trastero; llegaría la restauración de una Orbea Moncayo de principios de los 80 rebautizada como "Torpeda", también de mi tío, y que me descubrió lo fácil que es ir de lado a lado de Madrid con un hierro de carretera; llegaría un cuadro de BH de montaña que repinté y al que monté todos los componentes de nuevas; llegaría Mortimer, una Specialized Daily para ir de paseo. Llegaría la BiciCrítica, ir en bici al trabajo, la desorganización de las 2 primeras Criticonas...

lunes, 22 de febrero de 2016

Rumbo a La Pantumacona

Parece que, tras tres años muy locos en los que no he podido ir a las Criticonas de Xixón, Valencia y Getafe, éste podré ir a dar pedales por Barcelona en La Pantumacona, la Masa Crítica Interplanetaria de Barcelona, a celebrar el próximo 14 de Mayo.

Hace demasiado que no tengo la oportunidad de conocer una ciudad desde la bici (si descontamos Alicante, claro), y las últimas Bicicríticas a las que he podido ir han sido bastante... ¿cómo decirlo de forma suave?... flojas. Al menos en cuanto a participantes y gente conocida, porque las he hecho con la BH California X3, aka Kalimotxera, y se nota el piñón único.

Aunque ahora tengo la duda de si subir con Mortimer, con la Kalimotxera, con la Torpeda... lo que sí sé es que lo voy a disfrutar. Estuve hace años en la ciudad condal, pero no pude pedalear, así que va siendo hora de quitarse ésa espinita. ¿Y qué mejor ocasión que una megaquedada ciclista? ¿Cuántas bicis extra cabrán en Barcelona? Si queréis averiguarlo, venid ;)

Archivo de la bitácora