jueves, 17 de marzo de 2016

Nuevos movimientos

De nuevo toca moverse, cambiar de aires ahora que ya me había acostumbrado a Alicante. Se ha confirmado que cierran mi proyecto aquí, pero por alguna extraña razón, mi coordinador de departamento ha creído que era buena idea integrarme completamente al equipo. En Sabadell. Y lo antes posible.

De hecho, si por él fuera, ya estaría allí dándolo todo. De momento tengo pendientes un par de cosas antes de irme para allá, a saber:

- Revisión salarial por parte de mi consultora. No he pedido demasiado, teniendo en cuenta que la vida es más cara en Sabadell que en Alicante (empezando por el alquiler de habitación, que de entrada piden el doble de lo que pago aquí), o que paulatinamente me van a meter en el calendario de turnos y guardias.

- Alojamiento: como acabo de decir, los alquileres de habitaciones, no digo ya un estudio o piso pequeño, se disparan como mínimo al doble de lo que pago actualmente. Y aunque mis compañeros ya me han ofrecido algún sofá si lo necesito, no quiero irme sin tener al menos algo visto de antemano.

- Despedirme de la gente, y creo que es lo que peor voy a llevar. Me he encontrado con tan buena gente aquí, personas que me han acogido y aceptado tal como soy, que me han hecho sentirme querido y me han emocionado, buenos compañeros de trabajo y cervezas...

Espero ir actualizando el tema, en Semana Santa estaré por la zona a la que me el destino me traslada, miraré alguna cosilla por ahí, y os contaré de nuevo. De momento sigo en Alicante hasta final de mes, luego Sabadell, y después, el Kharma dirá.

jueves, 10 de marzo de 2016

Para mi madre

Gracias. Sólo puedo darte las gracias, por traerme y educarme, por acompañarme mientras crecía y caía, por aconsejarme siempre lo que creías lo mejor para mi, por todos esos momentos de amor y ternura que hemos compartido, por todos esos abrazos de consuelo.

Gracias por sacrificar tu juventud para sacarnos adelante, por perderte tantos momentos tratando de darnos algo mejor. Pues no podía haber tenido nada mejor que tú, mamá. Que llegabas de trabajar y me ayudabas con los deberes del colegio, que renunciabas a un montón de cosas para que no nos faltase nada, que siempre tenías una sonrisa sobre el cansancio y la tristeza.

Gracias por estar siempre ahí, no por desconfianza, si no por prevención, por si acaso. Nunca podré darte lo suficiente las gracias, por todo. Por curarme las heridas que me hacía en las rodillas o en el corazón, por animarme a seguir adelante y perseguir sueños que no siempre te gustaban. Por hacerme, más que un hombre hecho y derecho, una persona respetuosa y responsable, por educarme en el cariño de la familia.

Gracias por perdonarme cuando me he equivocado, por animarme cuando he fallado, o por consolarme cuando me he sentido abandonado. Gracias por las charlas y conversaciones, por las lecturas y libros que hemos compartido, por las películas y series comentadas. Gracias por darme un hogar confortable, por la calidez de nuestros ratos juntos.

Gracias, mamá. Te quiero.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Conspiranoia espacio-temporal

¿Y si un viajero espacio-temporal fuera, por accidente, responsable de la desaparición del vuelo de Malasia Airlines MH370? Ayer estuve dándole vueltas al tema. Me explico...

Un tipo del futuro, enceguecido por la búsqueda de algún familiar que iba en dicho vuelo, desarrolla y monta una especie de nave espacio-temporal y viaja al pasado, calculando en gran medida el lugar y momento exacto en el que se perdió el contacto con la aeronave, pero por un levísimo error en el cálculo, aparece en las cercanías del avión en el momento previo a la pérdida de comunicación.

El invento dobla el espacio tiempo, pero requiere que una cantidad de materia debe cambiarse por el equivalente a la nave  espacio-temporal (principalmente aire según los cálculos del viajero). Al llegar al momento presente (pasado desde nuestra perspectiva) en el que "va a desaparecer el avión", al intercambiar la materia de un tiempo por la del futuro invento, el vórtice absorbe el avión dejando pocos restos y, al no estar diseñado para los viajes espacio-temporales, mata automáticamente a todos los pasajeros y tripulación.

Al poco tiempo, el inventor descubre su error, volviendo al futuro (dejando en nuestro tiempo, ahora sí, aire del futuro con a saber qué cosas mortíferas). En el momento y lugar exacto de su partida, desmonta su invento y destruye todos sus estudios al respecto.

martes, 8 de marzo de 2016

Rutinas caóticas

Volviendo a casa, guardando la piel del frío húmedo del Mediterráneo, me vienen de vez en cuando ideas, pensamientos aleatorios que surgen de algún lugar desconocido en el fondo de mi mente, se entremezclan con otro que ya venía rondándome, y desaparecen de nuevo dejándome una sensación de mareo, una suerte de desorientación mental que me rondará hasta que la ponga en un papel.

¿Qué mueca se esconde bajo la careta que hay debajo de la máscara? ¿Es necesario que por dentro el payaso llore de tristeza para que el púbico pueda sonreír? ¿Cuántas víctimas habría si descarrila nuestro tren de pensamiento?

Pensamientos que vienen del caos de neuronas que forman el cerebro, revolotean alegremente un rato, y desaparecen en el horizonte del razonamiento tras picotear con ansia la idea que ocupaba el espacio.

Y así, día tras día, y van ya...

lunes, 7 de marzo de 2016

Costas de resaca

He llegado a las costas del lunes arrastrado por la resaca del fin de semana, junto a los restos húmedos de mi cerebro y mi dignidad. Estaban ésta mañana tirados junto a la cama, una alfombra de recuerdos vagos de los que no tengo mucha referencia, salvo algún flashback que me hace fruncir levemente el ceño. ¿Pasó en realidad?

No importa mucho, rápidamente el cerebro comienza de nuevo a formarse dentro de mi cráneo, rellena los huecos de memoria con las preocupaciones de lo desconocido, del futuro incierto que sigue su acecho. Como todas las mañanas, el proceso de arranque es lento pero rutinario. Comienzo a dejar que los párpados muestren la práctica totalidad del ojo a tiempo para la ducha, y para cuando llego al trabajo ya están plenamente abiertos, dispuestos a fijarse en los detalles que se escabullen por el borde de la visión.

El tercer café también hace maravillas con mi estómago, el servicio de la oficina puede atestiguarlo, y consigue sin quererlo que mi cabeza deje de prestar atención al trabajo. Quiere ponerse a escribir tonterías sobre una fiesta épica que abarca todo un fin de semana, cuando la verdad es que la resaca del sábado me dejó tirado hasta el domingo.

viernes, 4 de marzo de 2016

Abrazos cafeinados

Me sueltan los brazos de Morfeo otra mañana y mi cuerpo, involuntariamente, se deja caer en los brazos del café. Me besa el cerebro y millones de neuronas adormiladas entran en éxtasis. Mis pupilas comienzan a abrir los párpados, cada vez más livianos, se expanden como fuegos artificiales a través del iris y comienzan a enfocar nítidamente en todas direcciones.

Al llegar a la oficina, otro abrazo en vaso de plástico y regusto amargo. Es una relación furtiva pero constante, un rito de cortejo que sucede todos los días. Mi amante me acompaña en los momentos de estrés y de relax, cuando más carga de trabajo tengo y cuando me puedo permitir estar un buen rato desayunando o fumando un par de pitillos. Calienta mi mano con su tacto y mi cuerpo con sus caricias, derramándose por mi interior como el néctar de la sabiduría.

Y como en tantas relaciones enfermizas, a veces, me planteo si no sería mejor dejarlo una temporada, darnos un tiempo para probar otras cosas, acallar rumores del mal que me está haciendo caer tan a menudo en sus brazos...

jueves, 3 de marzo de 2016

Vomitar alegría

Caen el sol y las botellas de cerveza vacías, se suceden los cigarros acompañando el ir y venir de la bandeja, y la camarera que la sostiene suspira de nuevo sus ansias de terminar. El cenicero, sepultado bajo una montaña de escombros nicotinados, aprieta su contenido de cenizas ante la nueva colilla mientras observa impasible la degeneración, cómo se va corrompiendo mi sonrisa en una mueca, hasta que finalmente vomito mi alegría indiscriminadamente. Parece que la camarera no era la única que tenía ganas de salir pronto hoy...

Me he ganado la amistad de medio bar al rociarlos con mi última comida y bastantes cervezas, la camarera se enamora de mi capacidad de expulsión estomacal al instante, la multitud aclama al campeón de regurgitado extremo.

Desesperando al destino he conseguido beberme campos de cebada, manchar la reputación del suelo y mis zapatillas con la mitad de mis tripas, he asfaltado mis pulmones con paciencia y alegría. No vendrá la inevitabilidad, y desconozco si es porque llegué tarde yo, o porque no merezco su atención,

Mañana dará igual, abrazado a la resaca, la importancia de las cosas habrá disminuido considerablemente, el sentido de todo que ayer relucía por su simpleza y obviedad será un mero rumor, reptando por las esquinas de la habitación. Los tentáculos del sol han vuelto a invadir todo el terreno de las estrellas, y donde aguantaba estoicamente un ejército impasible de botellas vacías, conviven hoy en paz las tazas de café con las risas de los niños.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Presos pesados

Encarcelados, no todos los tamaños se corresponden con lo que se ve realmente. No me refiero a las medidas físicas de la prisión, sino a las medidas relativas de los prisioneros, porque a pesar de que la gran mayoría de ellos lo son por delitos comunes, sean flacos o gordos, los reyes del patio son los menos, los encarcelados por delitos fiscales, los pesos pesados del mangoneo y el robo.

Entran o salen entre una nube de periodistas, con su ropa de marca y cara de indignación, mirando con desprecio mientras recuerdan sus abultadas cuentas y numerosas posesiones. Comentan a cámara lo injusto de su sentencia, o las contramedidas a tomar en el juicio, mientras el resto de presos no tienen voz ni presencia.

La masa encarcelada no es más que el reflejo de la misma sociedad: el 99% son como tú o como yo, mientras que el 1% restante es la representación de la clase política, los empresarios y los banqueros. La mayoría va raspando sus días en la pared de la celda, la minoría se conforma con hacerlo en su smartphone. Casi todos usan la misma ropa semana tras semana, casi nadie puede darse el lujo de caer bien regalando su gastada ropa de marca a otros presos. Unos enlazan condenas y penas, otros teatrillos judiciales y lujos millonarios.

Mientras unos pocos se reparten el pastel, el resto nos conformamos con vigilar el jabón.

martes, 1 de marzo de 2016

Derroteros cotidianos

Cada día los mismos caminos en modo automático, sin que nuestro cerebro perciba la rutinaria derrota de nuestra vida. Cada día seguimos en busca de la esperanza, rebuscando por los rincones invisibles al resto.

Un camino que no habíamos visto se abre de repente en un lateral de nuestra ruta, un sendero apenas perceptible que no muestra su destino, su transcurrir al margen de lo conocido lo hace misterioso y tentador, ¿por qué no arriesgar un desvío de lo cotidiano? Un simple paso basta para abandonar la confortable seguridad de lo sabido, para cambiar nuestro rumbo fijo por una deriva a la aventura.

Descubrir por sorpresa que lo que aparentaba ser una suerte de espinos enmarañados desemboca en un prado florido, o atraviesa un bosque repleto de luces cálidas y sombras amables. Un paisaje abierto ante nosotros, de repente, nos recuerda lo pequeños que somos al tiempo que nos llena de fuerza y valor para explorarlo.

Quedan tantos caminos y derroteros que recorrer, tantas sendas y rutas por conocer, tantos paisajes con los que extasiar nuestras miradas, que el delito sería seguir siempre por el mismo camino, día tras día, hasta alcanzar la muerte.

lunes, 29 de febrero de 2016

Batallas diarias

Desconociendo el futuro, la futilidad de todo ante la finitud de la vida, seguimos armándonos de coraje y café para salir cada día del confortable refugio de nuestras sábanas. Sin escudero que nos ayude, nos ponemos nuestras armaduras modernas llenas de logos y marcas, y cabalgamos a lomos de corceles individuales o colectivos hacia la batalla, mezcla de rutina y gloria que a final de mes nos otorga nuestro estandarte y recompensas por las victorias diarias.

Vamos ciegos a la carga, sin ver al resto de combatientes, sean o no de los nuestros, porque cada batalla es individual a pesar de que la guerra es general y total. Toda la tropa, al menos los rangos más bajos del escalafón, desconfía del resto de soldados y peones, mientras los altos cargos saben de sobra que están a salvo de las auténticas refriegas, aunque de vez en cuando tengan de contar la batallita de aquella cicatriz, orgullo de sus recuerdos, como si no hubieran cambiado los vientos y su parecer desde entonces.

Nos derrotan cada día aunque tengamos sensación de victoria y libertad ganada, porque al día siguiente, vuelve la inevitable futilidad de un nuevo fragor, una nueva escaramuza sobre el terreno enmoquetado, otra emboscada sobre los andamios mientras los "charlies" están ocultos en sus oficinas y búnkers, ametrallando precariedad y calderilla como si estuvieran haciendo un favor a alguien. Cada día, esperanzada, alza la vista la carne de cañón, mirando el horizonte de ascensos que no supondrán sino nuevos sacrificios, un trueque de ilusión y felicidad a cambio de censuras e hipocresías.

Tal vez aún haya tiempo para cambiar la mentalidad, enfocar la guerra no sólo desde nuestra batalla, sacar la mirada fuera de la trinchera, sin arriesgar la cabeza, para ver algo más del campo que se extiende ante nosotros. Imaginar nuevas tácticas en vez de seguir órdenes absurdas y carentes de lógica para nuestra victoria personal, pero no para la del mando. No suelen coincidir los intereses de los rangos, mucho menos a mayor distancia entre ellos. Sería bonito que toda ésa tropa, de repente, viera quién es y dónde está el verdadero enemigo, descubriera que han estado luchando contra sus camaradas, en vez de contra los dragones disfrazados de salvadores, tiranos encubiertos haciendo las tareas sucias del contraespionaje terrorista.

Y habrá un día en que todos...

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