martes, 31 de agosto de 2010

Paseando por el cono sur (I)

Pues al fin, sacando un rato al curro, os cuento cómo fue el viaje, aunque lo mejor será empezar por el principio... La materia de todo el Universo estaba concentrada en... ¿cómo? ¿Que no tan al principio? Bueno, me centraré en el viaje... seguid leyendo
Llegué a la T4 mientras la selección jugaba noséqué partido, el aeropuerto parecía abducido por alguna fuerza suprema que obnubilaba mentes. Tras la victoria de "la roja" (que me la sigue trayendo floja), embarcamos tarde por un problema en la carga de combustible/maletas/vayaustéasaber. El Airbus de "iBeria", por fuera nuevo, contaba con las elegantes butacas de los años 80 que llevaban los Boeing, lo cuál significaba viajar ligeramente apretados. Y como salimos tarde, llegamos tarde a Santiago de Chile.
Tenía reservado un "transfer" para ir a casa de la mamá de Gabi, donde me esperaban para desayunar Laura, Gabi y la hermana de Gabi, Lucía. Hay que recordar que, aunque la hora de aterrizaje en Santiago fueran las 7 u 8 de la mañana, para mi, que llevaba 13 horazas en un avión, eran casi las 2 de la tarde. A por el tercer desayuno del día... Tras el refrigerio, nos fuimos a dar una vuelta por Santiago en busca de un abrigo para Gabi, y me sorprendió el tráfico.
Acostumbrado a la jungla de Madrid, el caos reinante hacía de Madrid una ciudad casi tranquila. Lo único positivo que le pongo al tráfico es la cantidad y variedad de bicicletas y triciclos. Casi todas las tiendas de comida a domicilio cuentan con bicis con grandes cestas, lxs sintecho en lugar de empujar un carrito de super llevan triciclos de carga delantera...
Y al día siguiente, nos fuimos a Isla Negra, un pueblo costero cercano a Santiago, donde Pablo Neruda tenía una casa que, en sus palabras, era "como un árbol o una persona, que con el tiempo van creciendo". El tipo, según nos dijeron, era "cosista", coleccionaba cosas. Ya tanto objeto, cachivache y artefacto, con un orden que desconozco si era propio de Neruda o de la casa museo, tenía su sitio con otros chismes parecidos o similares. Un síndrome de Diógenes ordenado, un comunista con muchas propiedades, conseguidas a lo largo de años, tras muchos paseos y vueltas.
Volvimos a Santiago para irnos a La Serena. 14 horas de autobús, desde las 11 de la noche, hasta la mañana siguiente, nos permitieron recorren un montón de kilómetros con la misma táctica que usaríamos para subir a San Pedro de Atacama: dormir en el autocar para ahorrar tiempo y alojamiento. También hay que decir que los autocares de Chile le dan varias vueltas a los de aquí. Se viaja más cómodo que en avión, no os digo más. Reposapieses que salen desde el borde del butacón; un asistente de viaje que te da almohada y mantita, o la cena, o el desayuno; un panel LED con información del viaje (desde el nombre del chófer y las horas que lleva conduciendo, hasta la velocidad del vehículo). Un lujo, en resumen.
En La Serena estuvimos un par de días antes de ir a San Pedro de Atacama, y aprovechamos para visitar el Valle de Elqui y el museo, hacer compras y dormir en cama. En el hostal nos dieron un superdesayuno de huevos revueltos, zumo, café y tostadas (¡Ummmm! Rico...). En el Valle de Elqui hay un microclima, y menos mal, porque amaneció nublado y chispeando, pero al llegar, el sol nos recibió de buena gana y decidimos darnos otro desayuno en una terraza. Visitamos una cooperativa de pisco, el Museo y el Mausoleo de Gabriela Mistral y pasamos hasta calor. En el museo de La Serena estuvimos viendo réplicas de momias, ya que hubo un acuerdo entre los descendientes de los primeros pueblos y el Gobierno para que no se mostraran restos humanos expoliados. También había un moai, y aunque era de los pequeños, medía más de 4 metros.
Y de La Serena nos fuimos a San Pedro de Atacama de la misma forma que llegamos: de noche y en autocar.
To be continued...
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