sábado, 9 de agosto de 2014

Cada noche

Cada noche, miro a las estrellas buscando.

Me asomo a Madrid, iluminado por cientos, miles de luces que parpadean, y subo la mirada al cielo...

Se que no me van a responder, que no hay nada escrito en ellas, ni tienen responsabilidad en los destinos de la Humanidad. Soy consciente que me miran desde el pasado, personificando el acto de mirar en una masa gaseosa incandescente a años luz de distancia. Conozco su "funcionamiento" básico, de algunas se hasta los nombres, el de las constelaciones que forman, o algún dato curioso.

Las miro y me pregunto por mi futuro. Pero no son ellas quienes responden. Mi propia consciencia, tranquila por el manto estrellado que le devuelve la mirada, es quien me dice qué debería hacer para conseguir el futuro que quiero, cómo conseguir ésas metas que me voy marcando.

Por supuesto no suelo hacerle caso a la mente perturbada de un idiota, pero la escucho, pienso en ello, y si no es demasiado esfuerzo, puede que lo haga (y como ejemplo, ésta entrada).
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