martes, 2 de noviembre de 2010

Paseando por el cono Sur (III)

Nos habíamos quedado en el inicio del tour de Uyuni, tras cambiar una de las ruedas del todoterreno, con la promesa de describir la flora, fauna y paisajes vistos. Vamos allá, seguid leyendo...
Iniciamos nuestra ruta con Miguel, nuestro conductor, y dos brasileñas-pera, quicir, unas pijas de cuidado procedentes de Brasil, con sus plumas blancos impolutos y sus dos trolleys por cabeza, uno de ellos con productos de belleza y estética. No voy a dar más datos sobre ellas aparte de decir que convirtieron el viaje en una sucesión de risas encubiertas y odios casi descubiertos.
Tras pagar el acceso a la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, y ver la Laguna Verde, nos dirigimos a las Termas de Polques, donde Gabi y Laura se darían un baño a 30º-35º, siendo la temperatura exterior de unos 10º ó 15º bajo cero. Proseguimos viaje hacia la Laguna Colorada, donde haríamos noche en el primer hotel de sal de nuestro tour. No había apenas agua, la calefacción consistía en una estufa en mitad del salón donde cenamos (y que un tipo encendió con un chorrete de gasolina y algo de leña seca). Como llegamos pronto, nos dedicamos a jugar al backgamon y a charlar con los otros viajeros, medio en inglés, medio en castellano, medio en portugués. Había unas chicas francesas que hablaban español, una chica chilena, gente del norte de Europa y un gringo.
A la mañana siguiente, Miguel ya había reparado la rueda del todoterreno (con lo que aún a día de hoy estamos flipando), y al subir las mochilas y las garrafas de agua, empezamos la segunda jornada. Hay que puntualizar que los equipajes los subimos entre Gabi, Lau y yo, con Miguel en lo alto del todoterreno, ya que nuestras compañeras cariocas desaparecieron. Camino de Laguna Medionda (o Hedionda por el pestazo a azufre) donde comeríamos, hicimos parada en el Árbol de Piedra, donde pudimos hacernos unas cuantas fotos con el permiso del viento. Antes de Laguna Medionda, vimos también las lagunas Ramaditas (seca), Honda y Chiar Khota, y disfrutamos de la comida, la primera cerveza boliviana del camino (Huari) y un auténtico café expresso. Seguimos camino del segundo hotel de sal, previa parada en San Juan a comprar cerveza de quinua y un CD para cambiar el disco de varios pop a petición de una de las brasileñas. Al fin llegamos a Chuvica, y como veíamos que iban a desaparecer nuestras compañeras al descargar, Lau se encargó de "repartir" la carga. Nos hicimos unos tés a la espera de la cena, nos dimos una ducha caliente (aquí si había agua caliente, aunque fuera un chorrillo).
Éste día pudimos ver llamas, vicuñas, un corro culpeo, vizcachas y bastantes pájaros autóctonos, pero resaltaban los flamencos, no sé si por el plumaje, o porque me recuerdan al gitaneo y las faralaes... bueno, y un perrico que había en el hotel, y que estuvo conmigo mientras me salía a fumar bajo las estrellas.
El tercer día no había amanecido y ya estábamos en camino para ver salir el sol en pleno salar, a medio camino de la Isla del Incahuasi. Paramos en dicha isla, que era una isla hace millones de años, y a día de hoy es un monte plagado de cactus (y otras plantas) en mitad del salar. Se puede visitar el altar de la Pachamama, el Arco de Coral (y roca volcánica), y el bar o el museo. El bar abre 364 días al año, y el museo lo pillamos cerrado, conjunción astronómica, mala suerte, o el gafe brasileiro que nos acompañaba, quién sabe... Una vez visitada la isla, nos fuimos hasta Colchani, donde vimos los puestos de artesanía, comimos, y seguimos camino hasta Uyuni.

Y antes de la próxima entrega, os dejo con el conejo... digo, con el consejo de hoy: si pensáis haceos vegetarianos, recordad el chorizo, el jamón serrano, y las costillas de cerdo, y si luego seguís en vuestras trece, vosotrxs mismxs (pero yo ya os avisé).
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