miércoles, 26 de febrero de 2014

Cambios de oficina

El pasado año 2013 fue un año de cambios laborales: IBM quedó atrás (junto a muchos buenos compañeros y anécdotas), y me incorporé a la sección de sistemas en Vaughan, donde de nuevo conocí a un montón de gente maja.

Ése puesto me permitió aprender bastantes cosas, unas útiles para mi día a día como administrador de sistemas, y otras no tanto. Entre las cosas inútiles: programar la parrilla de TV del señor Vaughan (repetitivo y emocionante, por no saber nunca cuando iba a cascar la aplicación que usaban), o ir a comprar componentes para hacer un cable especial para un dispositivo de monitorización de silencios en la emisión. Todo muy divertido.

Ojo, que también pude aprender cosas nuevas: tomar contacto con Amazon Web Services, tener a compañeros que eran auténticas máquinas en sus respectivos campos (Sistemas Windows, Linux, infraestructuras TIC, BBDD MySQL...). Y la gente, salvo algún caso perdido por estar más cerca de un androide que de un ser humano, fue de lo más amable y simpática. Incluso mi jefe inmediato, a pesar de mis propias cagadas, se mostró de lo más comprensible conmigo.

Y después de 6 meses, me invitaron a abandonar el proyecto. Con lo que tuve que continuar mis peripecias de parado hasta acabar donde estoy ahora, en una filial de Everis, manejando los servidores de clientes alojados en AWS. Y cuando digo manejando, quiero decir: desplegando, configurando, vigilando y arreglando sus numerosas giñadas.

Me hincho a documentar, a responder, cerrar y re-cerrar tickets, configurar sistemas LAMP (Linux, Apache, MySQL y PHP), pegarme con BBDD y usuarios que deberían estar pastoreando... Tengo una semana de guardia al mes, dentro de las 2 semanas que hago en el turno de tarde, desde casa, y la mayoría de los días en pijama. Sigo aprendiendo cosas de AWS, sigo conociendo gente maja (salvo excepciones). Y ahora llega la explicación al título de la entrada: desde el lunes estamos en las oficinas centrales de Everis. El viernes pasado nos tocó empaquetar todos los trastos (servidores, routers, teléfonos, documentación variopinta...), y de momento nos estamos aclimatando al nuevo entorno: hay mucho encorbatado, gente muy seria deambulando con prisas, recepcionistas nazis que no te dejan salir o entrar si te has dejado la tarjeta de identificación. Eso sí, yo venía pensando que me iba a tocar disfrazarme con corbatas y camisas, y de momento sigo vistiendo como siempre (y nadie me ha dicho nada).

Pues esas son mis desventuras laborales de los últimos meses. Seguiremos informando (más o menos puntualmente).
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